Las Horas más Sombrías tiene cada vez más lectores

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Hoy, sólo quería agradecer brevemente a todos esos lectores de poesía que me han apoyado incondicionalmente mediante la adquisición de la primera edición de mi libro: «Las Horas más Sombrías».

Sin duda, atreverme a dar los primeros pasos como escritora no ha sido fácil, pero me siento profundamente satisfecha con los resultados obtenidos hasta ahora.

Ser escritora y más específicamente escribir poesía en la sociedad en la que vivimos actualmente, es todo un reto, ya que, hablamos de un género que cada vez tiene menos lectores.

Los amantes de la poesía representan un público bastante reducido en comparación con los de otros géneros literarios. Sin embargo, aquí estoy, siguiendo adelante con mi sueño de difundir la poesía y rescatar el amor por esta arte sublime que saca lo mejor de los seres humanos.

Gracias infinitas a TODOS mis compradores, aunque desafortunadamente sólo tengo fotos de algunos de ellos, pero los quiero y aprecio a cada uno. Gracias por compartir mi amor por la poesía y por ser parte activa de quienes fomentan la lectura de este precioso e invaluable género literario.

También quiero agradecer de manera especial al periódico «El Digital de Asturias» y al periódico «Candás365» que dirige Nacho Bermúdez, una persona a la que le tengo un profundo aprecio, que me ha ayudado cada día sin descanso en la publicidad, venta y distribución de mi libro.

Así como también en la creación de esta increíble página web.

Y finalmente, quiero nuevamente extender mi agradecimiento a la editorial Hebras de Tinta por haber elaborado un libro tan hermoso y delicado.

Aún quedan algunos ejemplares de la primera edición y todavía estás a tiempo de comprar mi libro a través de esta página web, en la sección «tienda»

Aquí os dejo un poema de uno de mis poetas favoritos, Pablo Neruda, que habla sobre la poesía y engloba en gran medida lo que significa también para mí.

Recuerden que la poesía no es de quien la escribe sino de quien la necesita…

 

LA POESÍA

Y FUE a esa edad… Llegó la poesía

a buscarme. No sé, no sé de dónde

salió, de invierno o río.

No sé cómo ni cuándo,

no, no eran voces, no eran

palabras, ni silencio,

pero desde una calle me llamaba,

desde las ramas de la noche,

de pronto entre los otros,

entre fuegos violentos

o regresando solo,

allí estaba sin rostro

y me tocaba.

Yo no sabía qué decir, mi boca

no sabía

nombrar,

mis ojos eran ciegos,

y algo golpeaba en mi alma,

fiebre o alas perdidas,

y me fui haciendo solo,

descifrando

aquella quemadura,

y escribí la primera línea vaga,

vaga, sin cuerpo, pura

tontería,

pura sabiduría

del que no sabe nada,

y vi de pronto

el cielo

desgranado

y abierto,

planetas,

plantaciones palpitantes,

la sombra perforada,

acribillada

por flechas, fuego y flores,

la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,

ebrio del gran vacío

constelado,

a semejanza, a imagen

del misterio,

me sentí parte pura

del abismo,

rodé con las estrellas,

mi corazón se desató en el viento.

Pablo Neruda